La madrugada del domingo 26 volvió a dejar imágenes preocupantes en Justiniano Posse.
A la salida de un boliche bailable ubicado sobre uno de los accesos a la localidad, un grupo de personas protagonizó una violenta pelea que terminó de la peor manera: en medio del desorden, un automóvil embistió a una persona y luego escapó del lugar sin detenerse.
Las imágenes registradas muestran momentos de extrema tensión. Mientras varias personas se golpeaban y otras intentaban intervenir o alejarse, un vehículo avanzó por el sector donde se desarrollaba el enfrentamiento, atropelló a una persona y continuó su marcha, dándose a la fuga. La secuencia evidencia el nivel de descontrol vivido durante esos instantes.
A partir de este episodio, la Justicia deberá determinar las responsabilidades del conductor y de quienes participaron de la pelea. Sin embargo, existe una cuestión que trasciende el ámbito judicial y que merece una profunda reflexión.
Este no es un hecho aislado. Situaciones de violencia similares se repiten prácticamente todos los fines de semana en el mismo sector. Peleas, corridas, agresiones y disturbios parecen haberse convertido en una escena habitual cada vez que finaliza la actividad del boliche.
La pregunta es inevitable: ¿qué esperan las autoridades para actuar?
Resulta difícil comprender cómo, si estos episodios son reiterados y ocurren en un horario y lugar perfectamente conocidos, no existan controles preventivos eficaces. La ausencia de una presencia efectiva de la Policía y de la Guardia Ciudadana vuelve a quedar en evidencia justamente cuando más se necesita.
La sensación que queda entre muchos vecinos es preocupante. Pareciera que se hace la vista gorda frente a una problemática que crece fin de semana tras fin de semana o, peor aún, que se observa cómo suceden estos hechos sin intervenir de manera preventiva para evitarlos.
No hace falta esperar que ocurra una muerte para reaccionar. No hace falta que una familia tenga que llorar una tragedia para reconocer que el problema existe. Hoy fue una persona atropellada en medio de una pelea. Mañana podría ser un joven, un vecino o cualquier persona que circunstancialmente pase por el lugar.
Ya es hora de que las autoridades políticas tomen decisiones concretas y ataquen este problema de raíz. La prevención no puede limitarse a actuar cuando todo terminó. Debe estar presente antes, durante y después de eventos que, por experiencia, generan importantes concentraciones de personas.
Porque cuando la violencia deja de ser una excepción y pasa a convertirse en una costumbre, el Estado no puede ser un simple espectador. Esperar a que ocurra una tragedia para recién entonces tomar medidas sería un fracaso que toda la comunidad terminaría pagando muy caro.
INFO: FM de la MEDIALUNA
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